Juguemos al amor bajo la cascada

apocalíptica del águila carroñera y

la estrella de David.

Cambiemos la palabra pavor por

la bandera de la esperanza.

Cómo niños en campos de batalla

busquemos en el cielo

una blanca torcaza que habita

entre ramas de olivo.

Alas de serpientes venenosas con

poderes del averno quieren atar sus

plumas.

En este siglo tomado por armas destructoras

y mentes enfermas

el miedo y el terror nos manejan.

Catástrofes, angustias, destrucción

gobiernan aire y mar.

Postrado el creyente clama,

el ateo tiembla por dentro,

una madre ora por el hijo enviado a batalla

y un niño de mirada transparente

mira los ángeles protectores de su mundo.

Mary Paz Soriano