La piedra viva resplandece en la mañana, el cielo espumoso de pronto renace, se enciende la llama al soplo de la vida, en el rumor de un verano sin fin.  

Vas marcando el tiempo con tus pies descalzos, sonríes al sol con aire ingenuo. Llevas dentro el testamento de la tristeza como una virgen sedienta de mar en la playa.  

Como niños recorremos la ribera. Semidesnudos y sin preocupación, recolectamos las estrellas de la arena, reímos bajo la lluvia y el sol.  

Por la noche el cuerpo cansado y desvestido se hunde en el agua del amor desaforado, busca refugio en el calor de nuestra fragua aleando la carne hasta el amanecer, hasta la mañana.

Orlando Martínez Kernz