Después de cierto tiempo escuchando el murmullo de las aguas: rumor arañando mis oídos; empieza a sangrar mi piel. Decido huir cuando no sé si estoy viva o muerta, porque supone cierta fiereza, cierto dolor unido desde el caracol del oído hasta el pecho, y huyo de la mancha que grita y arde para no hipnotizarme con su ritmo, para no hundirme demasiado en los recuerdos.
Ángeles Nava
31 ago · 1 min de lectura
Nocturno mar




