Yo,
el hijo putativo de esta ciudad crustácea, cocodrila y perra.
A veces, amarga, salaz e incompleta.
Como la dentadura de una prostituta vieja.
Otras,
dulcísima cortesana -de corazón afrancesado-
que invita a beber amor
de un cáliz trémulo entre sus piernas.
-Daniel Torresfraga




